
Mis amigos en Paris
Pues el caso es que dos amigos míos se han ido a vivir a Paris. No sé (ni les he preguntado) que se les ha perdido en la ciudad de la luz. Ir a Paris es ir a ver lo que paso, cuando el mundo era más pequeño, cuando los intelectuales y artistas dominaban la tierra. Ahora turismo, el mismo parque temático (artistolandia podría llamarse este). Cementerios, calles y cabarets al servicio de las hordas de turistas que desean (deseamos) tomar una copa allí donde lo hizo Buñuel (aunque el Dry martini sea demasiado fuerte para alguien no curtido por el viento de Calanda)
Muy bien para unas tórridas vacaciones de sexo y poesia.
La verdad que no entiendo el interés de vivir de continuo en una ciudad tan cara.
Hay tantas cosas que no entiendo.
Mis amigos han mandado unas fotos de los destrozos, ahora que en España nadie habla de la revolución de los coches quemados. Veo la cara de Julio, una mezcla de enfado e incomprensión.
Y lo entiendo.
¿Por qué nos engañaron?.Ya no queda ni Paris. La revolución de ahora es por el piso, por un trabajo, por poder trabajar de cajero en un carrefour. Es en Paris eso si. En Paris el hijo del inmigrante, el que vive en la barriada quema el coche del vecino. Los medios venden la noticia, todos ponemos la televisión para informarnos, se vende más televisión, las fabricas de coches se frotan las manos el sistema no se tambalea. Nada cambia.
El estado dotara los programas sociales para inmigrantes con algunas migajas que sacará de algún sitio (quizá de los programas destinados a que los hijos de los burgueses hagan infumables obras artísticas), el frente nacional sumara más votos con los que poder marginar más a los mismos que provocaron el altercado.
¿Por qué quemar el coche del vecino?.Los bolcheviques asesinaron a los zares, por lo menos tuvieron huevos... ¿qué revolucionario machaca las míseras posesiones de su vecino?
Veo todo eso en la cara de mi amigo Julio (igual yo tengo demasiada imaginación), ante una cabina rota que se pagará con los impuestos de los franceses, que contribuirá a mantener la economía basada en la continua creación de bienes a costa del planeta y para crear hace falta destruir.
Mientras mis amigos están en Paris en España donde tenemos a Acebes en lugar de Le Pen seguimos en lo nuestro. Somos (como decía Valle) “una deformación grotesca de la civilización europea”. Se ha montado una pequeña revolución ante determinadas medidas del PSOE, desgraciadamente este PSOE no es la segunda republica, afortunadamente las fuerzas vivas no son las del 36 (esperemos) Aquí nos preocupamos mucho por la constitución, Aznar va a una manifestación para glorificarla, el mismo Aznar que escribía artículos contra ella hace unos años, los curas piden libertad de elección de centro para los padres, son los mismos curas que durante años echaban mano al mosquetón cuando se hablaba de libertad, y el PSOE no se sabe explicar lo inexplicable. Yo creo que es imposible explicar como de la mano de un entupido (Maragall) se haya vuelto defensor de las naciones sin estado. Quien los ha visto y quien los ve.
Los medios nos enseñan a la gente de la manifestación por la constitución, la gente dice que España es: “una, grande, libre”, y añade “que viva la constitución” y que “Cataluña es nuestra”, y allí viendo Madrid, y oyendo esto de la boca de los ciudadanos te das cuenta que, sin querer, unimos el reformismo constitucional, los principios del movimiento y el espíritu imperial. Y es lo que somos. Es nuestro sino. Nos encontramos un imperio por casualidad, sin ningún esfuerzo, sin ni siquiera irlo a buscar, a partir de ahí todo fue un desastre como un nuevo ricos lo malgastamos, luego echamos a los franceses, y de paso la ilustración, y así estamos….
En Aragón comarcalizamos, los comarcalizable, haremos una policia autonómica, para ser tan tonto como el que más, y una televisión tan deficitaria y mala como todas las demás, para no tener dinero que gastar en los problemas reales pero reivindicar nuestros valores como pueblo, aquí todos queremos ser una entidad nacional. Nos llego el bienestar europeo pero nada más, el barniz de bienestar no logra tapar nuestro “cazurrismo secular”, nuestra deprecio al conocimiento y al saber hace que en lo único que nos equiparemos a Europa sea en televisiones y en lo único que los superemos sea en Bares. Nos conformamos con ser los hosteleros de Europa y ¡qué inventen ellos!. El limite no existe, dominados por los mediocres (que no leen ni viajan), los centralistas temerosos de que Madrid deje de ser el “todo”, los periféricos buscando su estatua en su pueblo, a lo más que pueden aspirar dada su mediocridad. Todo sigue adelante, La Rioja o Murcia serán, con el tiempo, naciones sin estado, algo que no fueron desde el jurásico como no lo fue ni Cataluña, ni el País Vasco, ni Aragón, y el limite de la estupidez no se sabe donde esta. En una librería de Cataluña Juan Marse, narrador genial de la Barcelona de posguerra, en novelas como “Si te dicen que caí”, aparece, traducido al catalán, en la sección narrativa extranjera.
Mis amigos están en Paris, dos provincianos españoles queridos y queriéndose, viviendo y amando, viendo los últimos coletazos de una revolución de mentira. Por lo menos viven en el parque temático de la inteligencia, nosotros seguimos aquí porque como dicen los “hunos” (no es error ortográfico): “España es una”.Desgraciadamente, porque si hubiera otra ya nos hubiéramos ido a vivir en ella. Mientras tanto quizá Paris sea la solución. Mis amigos dirán.